Redescubriendo a papá

Sospecho que existe “algo”, en los padres, que aún no hemos descubierto. Seguramente la experiencia personal es una variable importante para entender la importancia de los efectos positivos que nuestros propios padres han tenido en nosotros. Sin embargo, la belleza secreta de lo masculino en la relación con los hijos, muchas veces apagada por sentimientos de inferioridad frente a la sensibilidad educativa femenina, ha hecho que se retraiga el potencial del modo educativo de algunos padres.

Volver a valorar la figura paterna es una urgencia para nuestra sociedad. Hemos escuchado en diferentes medios y en boca de muchos especialistas que vivimos en una sociedad “sin padres” y en cierta medida es verdad. Pero no porque no existan sino porque se ha desvalorizado su función afectiva (nutritiva) y se lo ha recluido a una función meramente normativa (establecer las leyes). Es importante superar esta pérdida y darle a los papás el espacio que les corresponde para que, junto a mamá, desarrollen su rol paterno en todo su esplendor.

El paternalismo y el autoritarismo han sido estilos educativos dañinos relacionados a los padres que han dado origen a nocivas consecuencias en nuestros hijos. Estos dos modelos tóxicos de educación han ocultado, de alguna manera, el papel del papá en el ámbito familiar y educativo. Para poder purificar la figura de padre se tendrá que trabajar en lograr una alfabetización afectiva que le permita reencontrarse con el verdadero concepto de paternidad, que está ligado a su esencia y que los hijos están clamando por recuperar.

Para que los padres retornen a la escena de la educación familiar es importante entender porqué perdieron el protagonismo y una de las causas ha sido la imposición del machismo como forma de “ser hombre”. Como reacción a esto surgió una tendencia feminista que pone en duda toda defensa que se realice sobre lo masculino. Esta tensión debe ser superada y que la sociedad vuelva a apreciar y respetar lo masculino y lo femenino en su más sana expresión y no alimentar los sentimientos de inferioridad por medio de estigmas, chistes, etc.

La diversidad en la educación de los hijos tiene un efecto positivo y es una contribución invaluable en su desarrollo integral. Si ambos sexos se estiman el uno al otro podrán sentirse orgullosos de dos cosas: lo que cada uno aporta y al mismo tiempo, de conservar una conciencia realista de sus propios límites. Uno no busca ser como el otro. Papá es papá y mamá, mamá. Integrar los diferentes puntos de vista (el femenino y el masculino) alimenta de manera considerable la disposición de los hijos a ser educados. Ellos perciben a sus padres como un equipo inquebrantable y seguro.

Esta sintonía educativa no significa una fusión entre la mentalidad del padre y de la madre. No pueden, ni deben buscar ser iguales, sino confiar en el juicio del otro y buscar el bienestar de sus hijos juntos. La diversidad del otro enriquece y potencia la educación en pareja. Ambos tienen herramientas afectivas diferentes y que se complementan de manera tal que los hijos puedan percibir no sólo las diferencias sino el respeto en la variedad.

Redescubrir a papá es sacarlo de la ausencia por medio de la confianza hacia su rol y el aporte en la construcción de la educación familiar. Redescubrir a papá es apreciar su contribución y no trata de convertirlo en una “mamá” más, sino que disfrute de su forma particular y natural. Redescubrir a papá es que, junto a mamá, construyan un equipo donde se perciba la diversidad respetada y que ambos confían el uno al otro en el desarrollo de su propio estilo educativo. Sólo así volveremos a tener un papá en casa.

By |2016-11-14T13:46:57+00:00junio 10th, 2014|Blog|0 Comments

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