Sueños

 

Soñar otro mundo es comenzar a cambiarlo
Circe Du Soleil

 

Mira tu situación. El lugar donde te encuentras. Las personas con las que vives. Las cosas que te gustan de tu existencia. Tomate un momento para hacer foco en las cosas que te rodean. Tus cosas personales, tus proyectos, tu hogar, tu actualidad…

Ahora piensa en tus sueños. Aquellas cosas que deseas, pero que aún no son una realidad tangible. Las personas con las que sueñas estar, o con las que sueñas no estar más. Las cosas que te gustaría tener. Los proyectos que desearías lograr. Tu potencial no desarrollado. Tus sueños respecto a tu vocación. Los sueños respecto a tu vida sentimental, relacional, espiritual…

Todo esto quizás te despierten cierto deseo de alcanzar esos sueños. Los sueños son el motor de la vida, aquello que le da impulso a nuestra existencia. Pero no nos olvidemos que grandes sueños murieron en la historia.

 

–       Durante ese encuentro, al creador de eso tan magnífico, se le cuestionó su proyecto. Lo apagaron y el mundo sigue igual.

–       Aquella artista que rompería con los paradigmas existentes sobre la danza se encuentra con una profesora que le dice que no tiene las capacidades suficientes para lograrlo.

–       El deportista que sería campeón mundial, un día pierde. Se desanima. Los reproches lo asfixiaron.

–       Un científico que tiene un proyecto medicinal que beneficiará a muchos pobres que no tienen recursos para sus medicinas o tratamientos, le dicen que no hay presupuesto para proyectos no sustentables.

–       Una joven que deposita todas sus esperanzas en formar una familia distinta con su novio, pero un día queda embarazada y él se marcha, sin explicar nada y desvaneciendo sus promesas de amor eterno.

–       Un joven político que día a día manifiesta su enojo frente al sistema imperante, un día de entera que su partido apoya a corruptos para poder lograr beneficios económicos.

Nuestro alrededor sería diferente si estos sueños no se hubieran apagado. Si no se estuvieran apagando cada día, en cada rincón de nuestro planeta. Si estos sueños tuvieran una motivación clara y sana para seguir adelante las cosas serían de otro color. Como el sueño de Tim, que logró cierta motivación y cambió el mundo que antes conocimos.

Nació un 13 de marzo de 1989.

Ese día, Tim Berners-Lee presentó un papel a su jefe en el que le proponía crear una red para compartir información entre científicos. ¿El lugar? El Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) en Suiza. Junto a sus compañeros, Tim trabajó para desarrollar una red que permitiera a los miles de investigadores que colaboraban con la organización estar comunicados y compartir a distancia los resultados de sus trabajos.

En aquel entonces, Tim tenía sólo treinta y tres años y era un joven ingeniero en Informáticacon un contrato temporal y ganas de cambiar el mundo de sus colegas.

Le entregó a su supervisor, Mike Sendall, una carpeta titulada “Gestión de la Información: una propuesta“. Calificó al proyecto de “vago, pero apasionante” y le dio el OK.  El nacimiento de la Web estaba en marcha.

Tim tenía un contrato temporal. Como nosotros que también tenemos un contrato temporal: nuestra vida misma. Hoy estamos, comemos, corremos, respiramos; mañana no. Todo es temporal, porque estamos dentro del tiempo y el espacio. La diferencia se establece en cómo aprovechamos estos minutos de la vida que tenemos para hacer una diferencia. Esta diferencia generalmente nace en forma de sueño.

Cuando nos damos cuenta de cuán breve es nuestro tiempo aquí, nos enfocamos en las cosas que realmente trascienden. En mi paso por esta tierra, ¿qué haré para que sea mejor? ¿alguien notará que ya no estoy? No tengo nada que perder y mucho por ganar. Esa fue la actitud de Tim. Ganas de cambiar al mundo para beneficiarlo.

En hebreo ánimo significa capacidad de tener una actitud correcta. Tim tenía ánimo. Tenía la actitud correcta en el momento correcto. Sin embargo, no todos somos como él. Muchas veces el desánimo y la frustración causados por diferentes variables, como el rechazo, la desvalorización y el egoísmo de otros, nos paralizan y estancan en quejas y críticas que no nos llevan a nada. Tim logró mirar más allá de estas variables, tuvo resiliencia, la capacidad de salir del pozo, aún cuando este era profundo. Necesitamos esta actitud, una actitud resiliente.

Cuenta un cuento que un hijo se quejaba con su madre acerca de su vida y de cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencido. Estaba cansado de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema aparecía otro.

Su madre le llevó a la cocina; allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. En una colocó zanahorias; en otra, huevos; en la tercera, puso granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

El hijo esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su madre. A los veinte minutos la madre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los puso sobre un plato. Finalmente, coló el café y lo sirvió en una taza.

Mirando a su hijo le dijo: ¿Qué ves?. Zanahorias, huevos y café, fue su respuesta. Le hizo acercarse más y le pidió que tocara las zanahorias, él lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera; al quitarle la cáscara, observó que el huevo estaba duro. Finalmente le pidió que probara el café; él sonrió mientras disfrutaba de su aroma.

Humildemente, el hijo preguntó: ¿qué significa esto madre?. Es química, le explicó: los tres elementos se han enfrentado a la misma adversidad: agua hirviendo, pero han reaccionado de forma diferente en función de sus características.

La zanahoria llegó al agua fuerte y dura; pero, después de pasar por el agua hirviendo, se ha puesto débil, fácil de deshacer.

El huevo ha llegado al agua frágil, su cáscara protegía un líquido interior; pero, después de estar en el agua hirviendo, su interior se ha endurecido.

Los granos de café, sin embargo, son únicos: después de estar en el agua hirviendo, ha sido capaces de cambiar el agua y sus propiedades.

¿Cuál eres tú, hijo? Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?, preguntó a su hijo.

¿Eres una zanahoria, que parece fuerte, pero cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, un espíritu fluido, pero tras una muerte, una separación o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera pareces el mismo, pero eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecidos.

O ¿eres como el grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición, el café alcanza su mejor sabor.

Si eres como el grano de café: cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas en forma positiva, sin dejarte vencer, y haces que las cosas a tu alrededor mejores; que ante la adversidad exista siempre una luz que ilumina tu camino y el de las personas que te rodean. Esparces con fuerza el “dulce aroma del café”

¿Cuántos sueños se habrán apagado por la falta de ánimo?

Tendieron una red en mi camino, y mi ánimo quedó por los suelos. En mi senda cavaron una fosa

[1]

Sus sueños fueron atrapados en redes. Iban por el camino que los proyectaba, pero cavaron una fosa y cayeron. Su ánimo quedó por los suelos. Los apagaron. Esta canción resalta que aquellos que desean alcanzar sus sueños no les será fácil. Necesitarán un extra de coraje. Los hebreos encontraban consuelo en un ser más grande que ellos.

Cuando te llamé, me respondiste; me infundiste ánimo y renovaste mis fuerzas.[2]

Este canto era un reconocimiento al Dios de los judíos. Llamado Yaveh o Jehová. Ellos entendían que la fuente de sus fuerzas, de su ánimo, era su Dios. Como pueblo de Dios se sentían amados y esto les permitía tener una estima sana. Su Dios les afirmaba:

Eres muy precioso para mí.

Digno de honra, y yo te amo.

No tengas miedo, porque yo estoy contigo.

 

Los hebreos han tenido por siglos capacidad de salir adelante cuando sus sueños se han vistos frustrados. Estas fuerzas extras tienen su fuente en su espiritualidad, es decir en su Dios, que los ama, honra y les promete su seguridad en tiempos de dolor.

Pero, ¿qué es la espiritualidad?

 

La palabra espiritualidad proviene del latín spiritus que significa aliento de vida. Es reconocer que la vida tiene valor, que las personas a mi alrededor no son cosas, sino seres humanos, es conectarme con mi ser más interior y poder ver que hay algo que me trasciende. Algunos incluyen todo aquello que tenga que ver con un Ser Superior o divinidad. La espiritualidad puede darnos fuerzas. El acercamiento a la divinidad puede infundirnos ánimo. Puede darnos la actitud correcta hacia nuestros sueños y lidiar con los obstáculos que se metan en medio.

Este aliento para seguir adelante que nos ofrece la espiritualidad es algo que viene con cada ser , más allá de su fe o su ateísmo. Es un componente óntico, que viene con el ser humano, es algo propio de la persona. Esto nos da esperanzas, porque todos somos personas marcadas por nuestra espiritualidad y esto nos permite levantarnos cada mañana y seguir adelante. Los hebreos tiene su espiritualidad centrada en su Dios y esto les ha permitido seguir adelante a pesar del Holocausto llevado a cabo por las fuerzas represivas de Adolf Hitler.

Como afirma Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración y fundador de la Logoterapia Cuando no podemos cambiar la situación a la que nos enfrentamos, el reto consiste en cambiarnos a nosotros mismos. Cambiarnos a nosotros mismo significa descubrir sobre qué está puesta nuestra fe y apostar a tener una espiritualidad sana. Los presos que no tenían esperanzas, que no potenciaban su espiritualidad y tenían difusa su fe, morían. En cambio los hombres y mujeres que tienen en claro cuál es el hilo que sostiene sus vidas pueden estar seguros, afrontar dificultades y salir adelante.

En conclusión, la espiritualidad promueve la resiliencia, la capacidad de salir adelante cuando tus sueños se ven frustrados.

Mi consejo frente a esto es…sueña, sueña y sueña. No dejes de soñar y convertir esos sueños en proyectos que sean de beneficio para tu desarrollo, como también para el beneficio de los demás que te rodean, que te aman y te necesitan. Pero recuerda, es importante desarrollar tu espiritualidad para estar seguro en los momentos donde aparezcan los bomberos de los sueños, aquellas personas o circunstancias o sentimientos tóxicos que se oponen al avance de nuestro potencial y buscan apagar los sueños. Tener una espiritualidad fuerte y segura te dará resiliencia, te dará fuerzas extras.

El poeta griego Homero en su relato de La Odisea nos brinda un ejemplo sobre la importancia de aferrarnos a nuestra espiritualidad: cuando Ulises debe pasar  ante la isla de las Sirenas. En  medio del océano se encontraba esta bellísima isla habitada por extrañas mujeres que de la cintura para abajo tenían forma de pez. Eran seres crueles que cantando dulces canciones atraían a los marineros  para asesinarlos. Los marineros que pasaban por allí caían frente a la trampa de ellas. Sin embargo, no sucedió así con Ulises y su tripulación.

Cuando se acercaron a esas aguas, siguieron las instrucciones dadas por la sabia Circe. Cortó en pedazos una barra de cera y tapó los oídos de sus marineros para que no pudieran oír el canto de las Sirenas. Ulises ordenó que lo ataran al mástil tan fuerte como fuera posible. Frente al canto seductor de las sirenas Ulises comenzó a volverse loco y suplicó que lo desataran del palo mayor. El héroe comenzó con señas a pedir que lo desataran, era casi imposible resistir las voces, el contenido de las canciones resaltando sus virtudes y sus victorias, y la belleza de las sirenas recostadas entre las flores en la playa. Lo ataron con mucha más fuerza y los marineros, sordos temporalmente, remaban alejándose del lugar.

Ese peligro había pasado porque el héroe estaba atado fuertemente al palo mayor y porque sus marineros tenían los oídos tapados.

Ya sea que aparezcan momentos duros que te desalienten, ya sean personas tóxicas que te tiren abajo, ya sean cosas que te seduzcan a largar tu proyecto, ya sean desánimos emocionales, recuerda la enseñanza de esta historia mítica…

 

Aférrate al tu palo mayor (aquello que te puede sostener y mantener firme)

o tápate los oídos y sigue adelante en tu viaje hacia tus sueños.

Y aunque quieran matar tu sueño, sueña (Víctor Hugo)


[1] Salmo 57:6

[2] Salmo 138:3